Programa Electoral: Términos y Condiciones
Hay palabras que deberían pesar más después de pronunciarlas. Una promesa, por ejemplo. Sobre todo cuando sirve para pedir algo tan delicado como la confianza de los demás. En política, sin embargo, parece ocurrir lo contrario: la promesa alcanza su mayor valor antes de las elecciones y empieza a perderlo la noche del recuento. Lo que hasta entonces era un compromiso solemne se convierte en una intención, una orientación, un deseo sujeto a circunstancias. El ciudadano entregó su voto; la palabra empieza a buscar una salida. Quizá por eso el programa electoral tiene algo de esos objetos que todos reconocemos y casi nadie utiliza. Sabemos que existe, que debería importarnos, que contiene las razones para confiar en quienes aspiran a gobernarnos, pero la campaña nos lleva por otros caminos: una frase que despierta miedo, una fotografía que inspira cercanía, un adversario al que conviene impedir el paso.
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