Están buscando al maquinista. Cuando el honor exige marcharse y el poder prefiere quedarse.
Cuando ocurrió la tragedia de Angrois, pronuncié una frase que desde entonces me acompaña: «La culpa será del maquinista». No pretendía negar su responsabilidad. Temía que sobre sus hombros acabaran depositando también la de otros, hasta convertirlo en el hombre cuya condena permitiera al resto seguir adelante. El maquinista quedó como único condenado penal y, años después, llegaron los informes favorables al indulto, respaldado por parte de las víctimas. La propia jueza recordó que, junto a su negligencia, habían concurrido deficiencias de señalización y de seguridad. Desde entonces, cuando sospecho que alguien busca un culpable que lo libre de responder, digo lo mismo: «Están buscando al maquinista». Después llegó Adamuz, en enero de este año, con cuarenta y seis muertos. Ahora llega Urda y volvemos a escuchar explicaciones, promesas de esclarecimiento y compromisos para recuperar la confianza. Son tragedias distintas, cuyas causas deben investigarse con rigor, pero
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