¿Qué hacemos cuando descubrimos que nos han mentido?
Hay un momento en el que una mentira deja de pertenecer solo a quien la cuenta. Sucede cuando alguien descubre el engaño y, en lugar de pedir explicaciones, empieza a buscarlas por su cuenta para disculpar al mentiroso. Lo habrá hecho para protegernos, no tendría otra salida, cualquiera en su situación habría actuado igual. Resulta extraña esa diligencia con la que a veces acudimos a reparar la confianza que otro ha roto: recogemos los pedazos, disimulamos las grietas y procuramos que todo vuelva a su sitio antes de que alguien nos pregunte por qué seguimos creyendo en quien ha decidido engañarnos. Quizá porque reconocer una mentira también nos obliga a reconocer algo de nosotros mismos, y hay decepciones que preferimos aplazar aunque tengamos que pagarles el alojamiento. La mentira encuentra cobijo en lugares muy distintos. En una relación donde alguien oculta lo que sabe que cambiaría las decisiones del otro; en una empresa que ofrece condiciones que nunca
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