La vivienda y el arte de gobernar con el bolsillo ajeno: cuando el propietario paga la incapacidad del Estado
Hay una forma de hacer política que resulta tan cómoda para quien gobierna como injusta para quien la soporta: identificar una necesidad real, prometer que será atendida y enviarle la factura a otro. En el problema de la vivienda, ese otro tiene con frecuencia un rostro muy distinto del que aparece en los discursos. Puede ser una pareja que pasó años pagando una hipoteca, un autónomo que compró un piso para complementar su jubilación o una familia que conserva una vivienda heredada y obtiene de ella un ingreso necesario. Pero el relato necesita un culpable sencillo. Alguien a quien señalar mientras las soluciones tardan en llegar. Así, tener una casa alquilada empieza a presentarse como una culpa que debe justificarse.
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