- ISBN 9798188832209
- Editorial Independently published
- Tapa blanda
- 170 páginas
PROGRAMA ELECTORAL
La palabra dada
El Presidente se preguntaba qué clase de persona debería gobernar un país. Programa electoral da un paso más y plantea qué debería hacer con el poder una vez alcanzado.
Este libro presenta una propuesta concreta de país construida fuera de los partidos y de sus fronteras ideológicas. Un modelo abierto al debate que aborda la educación, la sanidad, la vivienda, el empleo, las pensiones, la inmigración, el mundo rural, la Administración, el gasto público y la responsabilidad de quienes gobiernan.
No pretende ofrecer una verdad definitiva ni decir al lector a quién debe votar. Aspira a algo más necesario: demostrar que los ciudadanos también podemos pensar el país, proponer soluciones y exigir que cada compromiso adquirido ante las urnas sea explicado, medido y cumplido.
Porque votar no debería significar entregar un cheque en blanco. Gobernar no concede la propiedad de un país, sino una responsabilidad temporal ante quienes lo habitan.
Estas páginas no piden obediencia ni adhesión. Invitan a examinar cada propuesta, discutirla, corregirla y, si es posible, mejorarla.
Durante demasiado tiempo hemos preguntado qué harán los políticos. Quizá haya llegado el momento de decirles qué esperamos que hagan.
Informe editorial abreviado
Programa electoral. La palabra dada
Programa electoral nace de una inquietud compartida por muchos ciudadanos: la distancia que existe entre las promesas formuladas durante una campaña y las decisiones adoptadas después de alcanzar el poder.
Frente a la resignación o la queja, Eduar Garza propone transformar las conversaciones cotidianas sobre política en ideas que puedan ser examinadas, discutidas y mejoradas. La obra no representa a ningún partido ni pretende ofrecer un programa definitivo. Su propósito es abrir un camino para pensar juntos qué mínimos deberían exigirse a quienes solicitan el voto de los ciudadanos.
El libro parte de una convicción esencial: un programa electoral debería ser un contrato político y moral entre quien pide la confianza y quien decide concedérsela. Votar no significa entregar un poder ilimitado durante cuatro años, sino otorgar una autorización condicionada por la palabra dada.
Desde esta perspectiva, las promesas deben formularse con claridad, explicar sus objetivos, sus plazos y los recursos necesarios para cumplirlas. También deben poder evaluarse, de modo que los ciudadanos conozcan los resultados alcanzados y reciban una explicación cuando las circunstancias obliguen a cambiar una medida. Gobernar implica decidir en una realidad compleja, por lo que el libro no exige infalibilidad, sino honestidad para reconocer los errores, asumir sus consecuencias y corregir aquello que no funcione.
La obra aborda cuestiones como la sanidad, la educación, la justicia, las pensiones, la dependencia, el empleo, la fiscalidad, la Administración, la inmigración, el equilibrio territorial, la transición ecológica, la política industrial, la cultura o el gasto público. Pese a la variedad de asuntos, todos responden a un mismo criterio: proteger la dignidad de las personas, respetar su libertad, fomentar la responsabilidad y administrar los recursos comunes con rigor.
Uno de sus principales aciertos es buscar el equilibrio entre solidaridad y responsabilidad. El Estado debe garantizar unos servicios esenciales y ofrecer protección a quienes la necesiten, pero también favorecer la autonomía de las personas y evitar que el fraude, el abuso o una gestión ineficaz perjudiquen al conjunto de la sociedad.
La prosa combina reflexión política, experiencia cotidiana y propuestas concretas. Las instituciones y las decisiones públicas se explican a través de las vidas sobre las que actúan: una familia que necesita una vivienda, una persona mayor que desea permanecer en su hogar, un trabajador que pierde su empleo o un autónomo atrapado en un trámite. De este modo, la política conserva su dimensión humana y no queda reducida a cifras, normas o consignas.
El autor reconoce que algunas propuestas pueden contener errores, precisar nuevos datos o producir consecuencias no previstas. Esta apertura no debilita el proyecto, sino que expresa su honestidad intelectual. Programa electoral no pide obediencia ni pretende que todos sus lectores lleguen a las mismas conclusiones. Los invita a examinar las ideas, señalar sus límites, plantear alternativas y participar en la construcción de una propuesta mejor.
Dentro de la trilogía El buen gobierno, este segundo volumen ocupa un lugar central. El presidente reflexiona sobre las virtudes que debería reunir quien gobierna; Programa electoral convierte esas virtudes en compromisos y establece aquello que los ciudadanos deberían exigir a quienes solicitan su voto; Éraven completa la propuesta abordando el comportamiento del ciudadano y el código ético necesario para una convivencia responsable, próspera y feliz.
La valoración editorial es favorable. Nos encontramos ante una obra ambiciosa, accesible y abierta al diálogo, que devuelve al ciudadano un papel activo en la vida pública. No ofrece un catálogo cerrado para aceptar sin examen, sino una invitación a pensar, discrepar y proponer.
Programa electoral recuerda que votar representa una enorme cesión de poder y que quien solicita esa confianza debe ofrecer algo más que una campaña o una consigna. Debe presentar una palabra clara, permitir que sea examinada y responder por ella. El libro inicia así una conversación necesaria sobre los compromisos mínimos que deberíamos exigir a quienes aspiran a gobernar en nuestro nombre.